Insanity



13.4.15



“La gente debe de saber que uno no es nada por cantar en un grupo”, estas son palabras de Evaristo Páramos las cuales ha dicho una y otra vez en diversas entrevistas desde que se convirtió en uno de los rostros visibles del rock, y son ciertas. 

Durante décadas se ha presentado al músico como una especie de trotador alegre de mundos, un viajero, un nómada, una persona que se encuentra por arriba de otros atribuyéndole, algunos casos, una especie de lugar como profeta del tiempo y las circunstancias. Esa historia es la que se ha contado y los idiotas se han creído. Efecto de esa narrativa se ve al rockanrolero como un ser en un mundo aparte, un ser que tiene sus putas disponibles, sus aplausos, sus vicios siempre a la mesa y que siempre este ser tiene una especie de control de los hilos y el destino. 

Quien haya vivido cerca del rock y haya estudiado su historia, o sea parte de los creadores de ese estilo por más irrelevantes que sus creaciones sean, sabrá que en el devenir del rock no hay cosas particularmente distintas a las que se encuentra cualquier otro profesional de un área. Un profesionista exitoso formado en academia también tiene mujeres casi siempre a su disponibilidad, también tiene acceso a drogas, a los admiradores, a los pódiums; la diferencia está en que rodeando al rock hay toda una industria de mercadotecnia trabajando día y noche por posicionar productos y sus figuras, sus rockstars son los productos de esa industria y tiene que hacerlos ver como diferentes, tiene que mitificarlos, crear leyendas, opiniones, presentar un mundo ideal  y deseable para que esos productos sean consumidos.  E incluso son esas figuras que se encargan de vivir de la imagen que de ellos construyen los más mediocres y, cosa rara, los más famosos.

Cuando Rodrigo Gonzalez, un rockero realmente culto y preparado, comenzó a crear fama se sentía -partiendo de sus propias declaraciones- como un payaso. En varias ocasiones dijo a sus cercanos cosas tan transparentes como: siempre he sido feo pero ahora que la gente me conoce ya me quieren ver como un galán de cine. Esto de la fama acaba con uno. 

Cualquiera que esté cuerdo y sea una persona madura se decepcionará cuando realice un rastreo en la vida de las figuras famosas; familias desestructuradas, adicción a las drogas, pérdida de perspectiva, pérdida de valores, pérdida de futuro, la música que tan bien valorada está entre el vox populi como un camino para alcanzar los sueños es uno de los medios donde más se prostituyen las cosas, donde más mentiras hay, incluso es uno de los lugares donde están muchos de los seres más vacíos, nada interesantes o poco inteligentes. El músico promedio suele ser gente muy superficial que en su pequeñez de miras se cree esencialmente superior por usar un instrumento y subirse a cantar a un escenario. De ello que al momento de encontrarse con personalidades de talla que han hecho de su vida como músico una lucha constante por no ser tragado por la masacre que la comunicación intenta hacer de ellos uno no puede hacer menos que bajar la cabeza y mostrar respeto, pero también es cierto que esos personajes son minoría y que suelen poseer una intención clara por desmitificar su cotidianidad, este es el caso de Evaristo Páramos. 

Con más de 50 años de edad y en medio de una España que está en una de sus crisis más profundas, con niveles de desempleo superiores a países del llamado “tercer mundo”, Evaristo ha hecho un cambio de vértice en su vida, de haber sido una de las figuras más contestatarias de la España Posfranquista hoy es un superviviente que se encuentra en exponiendo en libros y entrevistas reflexiones propias de un viejo que alcanzó una especie de sabiduría propia de la experiencia que atrae la edad, un hombre de familia que se ha dejado ver como un buen padre e incluso ha inculcado valores religiosos en sus hijos y él mismo se ha acercado a aspectos relacionados con la búsqueda de la espiritualidad (en el amplio sentido del término) dejando para sus años de juventud las belicosas reyertas contra las instituciones morales. Con la edad vino a entender lo que muchos entendemos después de haber vivido periodos de grandes dificultades, “los problemas de la vida no son producto de dioses sino de los humanos que se creen superiores a todo designio moral”. Este tipo de entendimientos se construyen a manera de conclusiones después de haber experimentado mucho y haber estado expuesto al peligro que es perder la libertad y la independencia de juicio. En buena forma una de las ideas originales del punk era morir joven para evitar llegar a confluir con esas opiniones, los punk creían que después de los 30 años uno comenzaba a aceptar aspectos en que el mundo se ha diseñado por los viejos, creían que después de los 30 años se comenzaba a buscar una suerte de comunión y justificación con las prácticas más tradicionales de la sociedad, es decir, buscar un trabajo, buscar una pareja estable, comenzar a pensar en hacer una familia, buscar ingresos económicos permanentes, abandonar los radicalismos, etc.     

Actualmente Evaristo define al punk como “un montón de gusanos en un cadáver” que si bien estaban realizando algo necesario e indispensable para su tiempo cometieron el error de estar más cerca de sus enemigos que de sus aliados, siempre hablando de sus enemigos, los políticos, los sacerdotes, los criminales… y hablando poco o nada de los aspectos que daban razón de ser a sí mismos, es decir, tratando poco a la gente que valía más la pena y enfocando su creatividad a hablar de lo más dañino que en la sociedad hay. 


Si bien es cierto que Evaristo continúa ejerciendo como persona que arriba de un escenario despotrica al poder y que sigue comprometido con causas tan básicas como la necesidad de protesta social no le veo como un Mick Jagger que a sus setenta años sigua vendiéndose como rockero. Para el caso de Evaristo me parece que no durará mucho tiempo más en los escenarios. Viéndole en diversas entrevistas con sus nuevas formaciones, una vez que La Polla Records terminó, se le observa incómodo respondiendo a las preguntas estúpidas que comúnmente se hace a los músicos, también se le ve incómodo con la dinámica de sus nuevos proyectos donde el resto de integrantes anda por sus 20 o 30 años y él les dobletea la edad, él se muestra hoy como una persona más seria que conoce el ambiente de la música a profundidad (cómo no conocerlo después de más de 30 años de experiencia en él) y ya no se sorprende ni juguetea con las posibilidades, ya no se arriesga tanto.  Mientras Jagger es una celebridad gracias a la mercadotecnia individuos como Páramos optaron desde su juventud por hacer un tipo de rock basado en la experiencia cotidiana y en el contacto directo con la gente, un rock transparente que a sus propias palabras es “el rock hijo de la calle” desmitificando la imagen del artista como una persona con superioridad respecto a la masa.  

Uno de los grandes legados del trabajo de Evaristo está en lo que realizó junto con uno de los conjuntos más legendarios del punk español, con La Polla Records. Este grupo marcó un hito en el sonido hispano tanto por el ejercicio de sus letras que estaban muy bien hechas, con una métrica interesante y todos realizadas desde el sentido común lo cual permitía que cualquiera pudiera entenderlas e incluso compartirlas, pero también la base de sonido del grupo se encontraba a la altura, un juego maestro entre las guitarras que se alejaban de lo que comúnmente se encuentra en el punk rock (quintas repetitivas y distorcionadores), bases de bajo muy bien realizadas e incluso complicadas de hacer y una batería muy atractiva, una suerte de mezcla en la batería entre el rock 4/4 y el reggae. Este interesante juego instrumental se apreciaba a toda luz en las grabaciones en estudio pero en los conciertos era un poco más complicado de hallar dado el conjunto siempre hizo presentaciones casi a ras del público, con poco presupuesto y una buena proporción de sus conciertos no fueron grabados con el objetivo de hacer publicaciones oficiales lo cual se traduce en que esas grabaciones se hicieron de forma casi casera que era el método de grabación de los grupos de punk de aquellos años. 


Para este post rescato tres materiales que tengo a la mano y que no son parte de su discografía oficial. Se trata de tres conciertos, uno realizado en Bembibre en 1986, el concierto de San Isidro (que tiene su propia historia, que es interesante), y el concierto que dieron en México a principios de los 90s, este último lo tengo gracias a un obsequio que hace casi diez años me dio una mujer con la que compartía gustos como pareja y que uno de sus familiares había sido uno de esos punks callejeros de Los Panchitos (una de las pandillas más temidas del DF en los ochentas).      

EXPENTANCY: Punk Rock
FELLOW: Sex Pistols, RIP, Escorbuto Crónico




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